Para una banda que alcanzó altos niveles de popularidad con sus dos primeros discos, esperar casi cuatro años para lanzar un nuevo álbum podría interpretarse como un período de sequía creativa, un respiro o un simple refrescamiento. O todo a la vez. Aunque la dinámica actual de la industria discográfica es muy distinta a la de hace unos años, en ese tiempo una banda puede pasar del olimpo al purgatorio. Solo algunos grupos establecidos como U2 o The Rolling Stones se toman un tiempo largo y sobreviven a los cambios de tendencias, las variaciones en los gustos y los embates del mercado. El caso extremo y más relevante se produjo el año pasado con Portishead, una banda que reapareció en grande luego de once años sin grabar.El caso de Franz Ferdinand se ubica en el terreno de aquellas bandas que sin abandonar su pasado deciden evolucionar. Gracias a su homónimo debut de 2004 y You Could Have It So Much Better (2005), la banda se convirtió en piedra angular del nuevo pop británico -junto a Artic Monkeys-, una generación que se ha nutrido del sonido post punk de fines de de los 70 y comienzos de los 80, reivindicado el aporte de grupos como Gang of Four, XTC, Public Image Ltd. o algunos más efímeros como Liquid Liquid, que lograron combinar el espíritu punk, las guitarras angulosas y pegajosas melodías vocales con ritmos bailables.
Luego de este silencio discográfico, el cuarteto escocés, cuyo nombre fue tomado del célebre archiduque austro-húngaro cuyo asesinato aceleró el comienzo de la Primera Guerra Mundial, ha vuelto a editar otro disco de alto impacto que de seguro generará opiniones a favor y también en contra entre aquellos que no perdonan que un grupo que ya probó una fórmula exitosa intente caminar hacia adelante. Tonight: Franz Ferdinand (2009) es un nombre que dice mucho, tal como declaró su cantante, Alex Kapranos, los días previos al lanzamiento, el 26 de enero: “Puedo imaginarme un cartel fuera de un teatro diciendo: ‘Tonight: Franz Ferdinand’. Hay en él un sentido de anticipación. Es música para la pista de baile, o para tu habitación para animarte antes de salir, o para alguien que vuelve a casa una hora antes que amanezca”.
El disco contiene doce temas sin desperdicio, con todos los ganchos a los que nos acostumbraron en sus dos primeros álbumes pero con nuevas adiciones a la paleta de sonidos, en especial teclados y secuencias electrónicas que ahora arropan algunas piezas. Ya en el año 2007 habían dejado entrever ciertos coqueteos con el dance-electro-rock en la versión de “All My Friends”, una colaboración con el neoyorquino James Murphy, el cerebro de LCD Soundsystem y la disquera DFA. La producción de Dan Carey (Hot Chip, La Roux) aporta la sensibilidad electro pop que se escucha en temas como, “Dream Alone”, “Can´s Stop Feeling”, “Live Alone” o “Lucid Dream”, de casi ocho minutos.
Canciones de pegada inmediata no faltan, comenzando por “Ulysses”, una venenosa cápsula de tres minutos que funciona como el “Take me Out” de este tercer disco. Nuevas influencias afloran en temas como “No You Girls”, “Send Him Away” o “Twlight Omens”, que van de T. Rex a The Cars.
Franz Ferdinand reafirma que el rock también se puede bailar.


