domingo 15 de febrero de 2009

Jorge Reyes levantó el vuelo


Pocos dí­as después de la intentona golpista de febrero de 1992 se celebró la mejor y más nutrida de todas las ediciones del recordado Festival de Música Electrónica de Caracas, luego rebautizado Festival La Otra Música, una estupenda iniciativa encabezada por Maite Galán que desafortunadamente murió de mengua. En medio de la confusión que aún reinaba en el paí­s, dicha edición -que estuvo a punto de suspenderse- sirvió de antí­doto contra el olor a pólvora y ruido de tanquetas. Fue una fortuna poder ver, entre otros, al etnomúsico mexicano Jorge Reyes, que repetí­a su participación tras el éxito en el anterior festival. En aquella jornada de 1992 Reyes se presentó dos veces en la Sala Rómulo Gallegos del Celarg, una con su colaborador, el percusionista Juan Carlos López y otra con el guitarrista español Suso Saiz, con quien acababa de grabar el disco Crónica de castas (1991).

Nadie que haya asistido a aquellas presentaciones olvida los hipnóticos performances en medio de la penumbra de las velas sobre un escenario en el que Reyes desparramó un amplio abanico de instrumentos de percusión, la mayorí­a de origen mesoamericano, elementos distintivos de su música, entre ellos: cántaros de Oaxaca (enormes vasijas de barro o cerámica con aberturas superiores), caracoles, troncos de Colima, cuija, palo de lluvia, sonajas, caparazones de tortuga, tambores de Guerrero, teponaztle, piedras, tambor tarahumara y la percusión corporal que el definió como "tloque nahuaque" (música corporal con canto armónico). Aunado a ello, con el empleo de ocarinas, tlapizallis, trompetas de caracol y silbatos, voces tribales, sintetizadores y efectos electrónicos, modeló una propuesta de espí­ritu tribal y ceremonial, única en su estilo, con la que recorrió el mundo durante varias décadas. Reyes mezcló lo ancestral con lo moderno, con respeto especial hacia los simbolismos e instrumentos musicales de las culturas que habitaron México y Centroamérica antes de la llegada de los españoles.

Reyes, nacido en Michoacán en 1952, estudió flauta traversa en la UNAM. En los años 60 viajó a Alemania, donde estudió música clásica, electrónica y jazz. Luego viajó a India donde se nutrió de su música y la tibetana. Al regresar a México comenzó su experimentación, primero como guitarrista y flautista de la agrupación Chac Mool con la cual grabó cuatro discos entre 1980 y 85, que mezclaron el rock sinfónico y las atmósferas prehispánicas en medio del boom del rock mexicano.

Como solista grabó casi 30 discos, entre los que destacan A la Izquierda del Colibrí­ (1985), Comala (1986), Ek Tunkul (1987), Nierika (1989), Bajo el Sol Jaguar (1991)- quizás el mejor-, El costumbre (1993) y The Flayed God (1994), además de los dos soberbios discos junto a Suso Saiz y Steve Roach. Sus conciertos en el Dí­a de los Muertos en el increí­ble Espacio Escultórico de la UNAM se convirtieron en una tradición, en pro de la reivindicación de los principios sagrados de las culturas mesoamericanas, en los cuales aparecí­a como jaguar.
La madrugada del pasado sábado Jorge Reyes murió a causa de un paro cardiaco. Se quedó dormido y rápido emprendió vuelo para reunirse con los espí­ritus mayas, y muchas etnias mexicanas, en especial los huicholes, quienes influenciaron algunos de sus discos en los que participaron.

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